A un año de la partida de Eloy Jáuregui, considerado el mejor cronista del Perú, sus amigos editan un libro colectivo que nos acerca a su figura. (*) Escribe: José Vadillo Vila Espíritu bebible Un fantasma fogoso descorcha cada tarde una botella de vino tinto en solitario. Se sienta a esperar a los amigos con una media res de un pisco de casa, un lapicero y un bloc, en su mesa favorita de la bodega Queirolo, en la esquina de Camaná y Quilca, un revés refrescante en el caótico Centro de Lima. Otras veces, pide “tres horas de cerveza”, para que la garganta no se canse. “Sólo los imbéciles no tienen bares en su memoria ni en sus ternuras”, pontificaba Eloy Jáuregui (1953-2024). El Perú es Lima, Lima es El Queirolo, y el bar con apellido italiano era el púlpito donde oficiaba de vicario de voz estruendosa. Poeta, al fin y al cabo, era acólito de “la sabiduría del codo” y hacía gozar a su auditorio con un anecdotario ingenioso donde lo verdadero y lo i...
Comentarios
Publicar un comentario