A propósito de la cinta El brutalista, que se llevó tres premios Óscar, presentamos aquí apuntes sobre la arquitectura brutalista en Lima. (*)
Escribe: José Vadillo Vila
1.
La arquitectura brutalista nació funcional. A secas. Sin ornamentos. Fue hace setenta años. La palabra viene del término francés “beton brut” (“concreto compuesto”). La arquitectura no fue solo ladrillo sobre ladrillo, lucro sobre necesidad. Buscó construir los espacios en respuesta y cuestionando a la sociedad en la que les tocó vivir; a la política, a la economía, a los gobiernos, a las necesidades poblacionales. Ergo, los grandes arquitectos del siglo XX fueron también importantes ensayistas.
Escribo con el verbo en pasado. Porque como me decía el arquitecto Enrique Ciriani hace unos años, falta en Lima un “boom de la calidad arquitectónica antes que uno de la construcción”.
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La arquitectura también es técnica y ciencia. Tiene una tercera pata que la emparenta con el arte, con el cual teje fuertes relaciones intrínsecas de creatividad.
Si las edificaciones brutalistas son consideradas “frías”, no es gratuito. Estamos ante una expresión arquitectónica que nació en la postguerra (II Guerra Mundial), en un mundo cambiante, las nuevas hegemonías, el boom del concreto, la necesidad de responder a esa humanidad que empezaba a ponerse las zapatillas para correr con los avances tecnológicos y tomarse de las faldas del progreso. Con centros urbanos en multiplicación y la necesidad de abaratar costos. Se necesitaba ser más funcional en todos los ámbitos de la vida (incluido el hogar). Las estructuras de hormigón armado fueron la respuesta a esas necesidades.
Se considera al arquitecto franco-suizo Le Corbusier (1887-1965) como el padre de la arquitectura brutalista, y el primer proyecto a gran escala de este estilo arquitectónico con una estética sin ornamentos fue la Unidad Habitacional de Marsella (1952), para las familias desplazadas por los bombardeos en Francia. La construcción multifamiliar fue pensada para beneficiar a 1,600 personas.
Escena de El brutalista (2024).El brutalista –cinta de casi cuatro horas, más extensa que La Biblia (1966) de John Huston– muestra cómo el arquitecto judío húngaro “László Toth” (Adrien Brody, ganador del Óscar), formado en la escuela alemana de Bauhaus, llega a EE. UU., donde inicia una vida como obrero. Su talento es redescubierto por el millonario industrial “Harrison Lee Van Buren” quien le ofrece desarrollar una obra de gran impacto para la comunidad de Pensilvania, pero su proyecto de la corriente brutalista no es entendido, ese choque con la sociedad norteamericana le genera conflictos a nivel personal. Lo bueno de la película es que ha renovado el interés en la arquitectura brutalista, cuyos edificios se mantienen incólumes.
Ministerio de Cultura del Perú. Foto: José Vadillo2.
El brutalismo llegó fresco al Perú. Empezó a difundirse tempranamente en los años 50 con los nuevos aires que trajo la emblemática Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes (FAUA) de la UNI.
Uno de sus maestros, el arquitecto Fernando Belaunde, ya con la banda presidencial, se encargaría de ponerlo en práctica modernizando el país a través del fomento de los concursos de arquitectura desde el Estado.
El ícono de este hito urbano es la residencial San Felipe (1962-1966), en el distrito de Jesús María. Diseñada por el arquitecto Enrique Ciriani, se inspira y mantiene las ideas de Le Corbusier, más allá del concreto: los jardines y la “planta libre” ese espacio de plaza, donde los residentes de los edificios multifamiliares podían relacionarse.
Fue un momento (los años 60) cuando en Lima había “un fuerte sentido de la centralidad urbana”, como señala el sociólogo Danilo Martuccelli en su ensayo Lima y sus arenas (2022). “Cincuenta años después, la ciudad está fracturada entre una zona tradicional (…) y por tres conos urbanos”, agrega.
Pero las principales obras de la arquitectura brutalista en Lima se consolidarían en la década siguiente, durante el gobierno militar de los generales Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez.
Otras edificaciones de este estilo arquitectónico vigentes hasta hoy son el Ministerio de Pesquería (1971, actual Ministerio de Cultura), el edificio de Petroperú (1973) y el Centro Cívico de Lima (1970-1977). Todas llegaron con los aires de modernización de la ciudad. Edificios simples, rectos, funcionales. De construcciones altas, destacadas, que parecen arañar el cielo. Son parte de este muestrario del brutalismo nacional.
Si bien cada estilo tiene un momento de nacimiento, un auge, queda su escuela como una herramienta de expresión para los nuevos arquitectos. En el 2016, el edificio de concreto armado de la UTEC, en Barranco, ganó el premio de la Royal Institute of British Architects (RIBA), como mejor edificio del mundo; y en el 2020, el Pritzker 2020, el Nobel de la arquitectura. El brutalismo sigue vigente.
Más ejemplos:
El Cuartel General del Ejército en San Borja y la
residencial Santa Cruz en Miraflores Son otros ejemplos de la arquitectura
brutalista.
El filme El brutalista es una ficción que dura 3 horas y 34
minutos, con un intermedio de 15 minutos.
(*) Publicado en el semanario Variedades, número 629, del 14 de marzo del 2025.
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