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El último viaje de la 9 (crónica)



Por disposición de la ATU, los buses de la histórica Línea 9, que por décadas unió la ruta entre el Rímac y Puente Piedra, realizarán hoy (28 de febrero) su último recorrido. (*)

 

Escribe: José Vadillo Vila / Fotos: Jhonel Rodríguez

 

1.

Los choferes más jóvenes lo llaman “Francisco Bolognesi”. Hoy, 28 de febrero, Nicolás Castañeda emulará al histórico coronel. Él también “morirá” quemando su último cartucho. Dará su última vuelta completa como timonel de microbús de “La 9”, la línea de transporte que, en 1970, un centenar de socios fundó con 180 unidades.

La ruta fue creciendo “de a poquitos”. Fue todo un parto lograr que les den el pase para el distrito de San Miguel. Otro hito fue ingresar a la urbanización del Pacífico, en San Martín de Porres, y hasta tuvo que interceder un diputado. Y con la liberación del parque automotor, en los 90, llegaron nuevos competidores: las combis y las custers piratas. Ahora, la multiplicación de mototaxis y colectiveros los ajusta más. 

Cincuenta y cinco años más tarde, Nicolás Castañeda es el último de ese grupo de fundadores que continúa chambeando en la histórica línea de transportes. Trabajará hasta hoy, cuando, por disposición de la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU), las unidades de la 9 dejen de recorrer 12 distritos de la capital.

 

***

Castañeda se inició manejando su propio microbús y desde 1987 alquila un Ford americano, petrolero y repotenciado, con capacidad para 40 pasajeros sentados. Lo maneja a diario. “Solo he descansado cuando lo dejaba en el mecánico”. El transportista de 74 años se concentra en su ruta con el pantalón arremangado hasta la rodilla para pisar mejor el embrague y hacer los cambios. Girar la palanca a presión para abrir la puerta posterior cuando escucha “¡Bajan atrás!”.

En la cuerina que cubre los asientos no se ha borrado la “x” que señalaba el distanciamiento social durante la pandemia del covid-19, cuando los transportistas urbanos continuaron trabajando y varios de la 9 se fueron con boleto de ida a visitar a San Pedro. No recibieron nunca la ayuda económica que anunció el gobierno de entonces.

La unidad que conduce es alquilada. Ya anunció al dueño que dejará de trabajar cuando cierre la empresa y este le ha dicho: “Usted se quita y yo retiro este carro, lo vendo”. Ya no es negocio; se dice que falta trabajo, pero muchas empresas de transporte buscan choferes profesionales, sin suerte.

 



2.

A la línea 9 la definen sus colores básicos, de fraile monacal: todo de blanco y solo dos franjas negras en su cintura donde lleva el rosario de nombres que trazan su ruta: Rímac-Abancay-Lince-MagdalenaFaucett-Covida-Pro-Zapallal.

 

Hace varios años dejó de ser cooperativa y de llamarse “Línea 9”, pero sus usuarios la siguen llamando así. Los socios de la cooperativa

tenían una gran deuda con el Estado y, en asamblea general, decidieron venderla a un señor, que la rebautizó como Empresa de Transportes y Servicios Múltiples Rosa de las Américas S.R.L., Etroasrl. Aunque las unidades del blanco y negro histórico siguieron rodando, para los choferes ya no era lo mismo.

 

***

“No es justo. Hay líneas que tienen buses iguales o más viejos y siguen circulando”. Félix Córdova lleva más de veinte años como “dateador” de la 9 en la residencial San Felipe, en Jesús María. En sus buenos tiempos, iniciaba su jornada a las 6:00 a.m. y se quedaba de largo hasta las 10:00 p.m. Pero la 9 fue reduciendo el número de unidades y hoy inicia su jornada como si fuera gerente, a las 10:00 a.m.

 

“Van a dejar en peor situación a los cobradores, a los choferes, a los dateros, ¿qué van a hacer?, ¿dedicarse a la delincuencia? Y se les ocurre esta medida cuando se inician las clases escolares, ¿ahora quién va a transportar a esos escolares, a esas madres de familia?”, apunta.

 

La ATU sostiene que Etroasrl no renovó sus unidades. Hubo una treintena de unidades nuevas, pero se fueron a otras líneas. Ahora son 50 unidades y la gran mayoría son robustos microbuses antiguos.

 

3.

El cajamarquino Julio Rojas lleva un cuarto de siglo en el consorcio Rosa de las Américas-Ruta IO 33. “Prácticamente perdí toda mi juventud acá, en la 9”.

Hace más de una década es ayudante del señor Castañeda. A las 6:00 de la mañana, saca el microbús, mide el aceite, llena el combustible y pone la tarjeta del carro en la cola. Con el señor Castañeda esperan su turno, y entre las 8:00 y las 9:00, salen a iniciar su recorrido. Una vuelta completa les puede tomar 9 horas sin tráfico, y 60 minutos más, si hay tráfico en la avenida Faucett.

“Prácticamente no es rentable, pero no podemos abandonar a los pasajeros”, dice Rojas, con ética de transportista público. Son 170 soles diarios de petróleo, 100 para el dueño, 40 para el pago para la empresa, 30 para los almuerzos del chofer y el cobrador, 6 para la cochera. “A veces nos llevamos 50, 40 soles. Y ahora quieren aplicar cobro de cupos los extorsionadores”, se lamenta en un semáforo largo. Aprovecha para levantar el capó y darle agua al sediento radiador. Tiene 63 años y solo lo desestresa volver por las noches a Ventanilla para sacar a jugar pelota a sus dos nietos.

 

***

Lo otro que les preocupa es la gente. “¿Es verdad que ya no van a seguir?”, sube una anciana lentamente lanzando la pregunta. “Sí, mamita”, responde Rojas. “¿Y ahora quién nos llevará?”, se angustia la señora que todos los días toma este microbús para ir a escuchar misa.

“La 9 va lento, pero seguro”, afirman los pasajeros, algunos son usuarios desde el jardín de infancia y ya pintan canas. La noticia del in de la ruta les ha puesto tristes. La empresa tiene pocas unidades, pero hay gente que prefiere esperar esos veinte minutos entre uno y otro carro, porque se sienten seguros. Y eso sucede a lo largo de toda la ruta. Algunos suben con sus maletas, porque el bus los deja en el aeropuerto Jorge Chávez. “Los dejamos en la puerta del avión”, sonríe el señor Castañeda.

El dueño del consorcio ha interpuesto una acción de amparo a la ATU para que le den unos meses para modernizar sus unidades. “Yo ya me voy”, dice el señor Castañeda cambiando a primera. Está pensando en irse a Chiclayo, donde tiene una chacrita de arroz. Pero sus hijos quieren que se quede acá, en Lima, que disfrute a sus nietos, y que vaya con su esposa en el auto a darse los paseos que no dio de joven por llevar a otros en viaje seguro.

 

El momento del adiós

De acuerdo con el Plan Regulador de Rutas (PRR) de la ATU, publicado en El Peruano el 28 de diciembre de 2024, 21 rutas de transporte urbano dejarán de circular a partir de hoy, 28 de febrero. Entre ellas está la emblemática Rosa de las Américas-Ruta IO 33b, más conocida como “la 9”, que durante décadas conectó el distrito de Puente Piedra con el Rímac. La línea 9 o Etroasrl unía 12 distritos en su recorrido. En total, 50 choferes y 50 cobradores son parte de los trabajadores que quedarán sin empleo con el cierre de esta ruta.

 

(*) Publicado en el quincenario Variedades del Diario Oficial El Peruano, el 28 de febrero del 2025

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