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El amor en los tiempos de la IA



La inteligencia artificial está cambiando todos los aspectos de nuestras vidas, incluidas las relaciones interpersonales.

 

Escribe: José Vadillo Vila

En la película Ella, el solitario “Theodore Twombly”, interpretado por Joaquin Phoenix, se enamora de su sistema operativo. “Samantha” es graciosa, intuitiva y tiene una voz sensual (la voz es de Scarlett Johansson). Solo le falta ser de carne y hueso para ser la mujer ideal.

 

Han pasado casi 11 años desde su estreno y hoy la película hollywodense dejó de ser una distopia. Desde el 2024, en Japón la empresa Loverse nos ofrece citas con sistemas operativos cautivadores. Y los robots de compañía están más al alcance del bolsillo (en algunas sociedades) para hacer más transitable la vida.

 

Hoy, la preocupación central de los desarrolladores de tecnologías es que las interfaces imiten mejor al ser humano. Los bots de inteligencia artiicial (IA) conocen los intereses e intimidades de sus usuarios como nadie en la Tierra. Y de ahí a enamorarse de esas máquinas, hay solo un paso.

 

Campo nuevo

El investigador de la Universidad de Oxford (Reino Unido) en temas de IA y big data, Daniel Valdenegro, pone los paños fríos sobre los actuales modelos de lenguaje y chatbots, a los que podemos hablarles o dar instrucciones usando nuestro lenguaje natural y recibir de estas interfaces una respuesta similar. “Son solo herramientas y no van a cambiar necesariamente lo esencial de las relaciones humanas”, responde a Variedades.

 

“Las relaciones humanas siempre existirán y aunque sean mediadas a través de un correo electrónico, de WhatsApp, o de alguna especie de IA, no va a cambiar mucho”, agrega el psicólogo chileno. “No creo que haya ningún chatbot con la capacidad de emular todos los aspectos de una relación interpersonal, así que no me preocupa”.

 Al ser un fenómeno reciente lo de ChatGTP y la IA, en las principales universidades del mundo todavía no se han desarrollado líneas de investigación sobre el efecto a largo plazo de las IA en las relaciones interpersonales o en la vida amorosa de la gente. “Pero sí hay investigaciones y se discute respecto de cómo estos chatbots ayudan cuando uno conversa con ellos”.


Cupido digital

En su libro, No soy un robot (2024), Juan Villoro recuerda que la pregunta de qué es lo humano ya no se la hacen los ilósofos y los teólogos sino se plantean a diario las computadoras. El cronista mexicano define que el teléfono celular es ahora “un Drácula de bolsillo”, al cual, a propia voluntad, entregamos todos nuestros datos y recibimos la información hecha a la medida de nuestras necesidades. Incluidos los “amigos”.

“Sería mentirnos pensar que antes las concesiones sociales y las relaciones que teníamos a través de otros mecanismos, como la familia o el trabajo, no definían nuestras relaciones amorosas. Ahora están mediadas por lo que nos sugieren las aplicaciones que usamos en nuestro teléfono, las redes sociales o el chatbot. Pero siempre pasará por una decisión personal. La gente debería meditar acerca de las supercherías que nos dan en las aplicaciones y buscar otras fuentes para triangular la información”, apunta Valdenegro.

Lo positivo es que estas herramientas digitales que emulan la interacción humana están permitiendo que personas con movilidad reducida, problemas de accesibilidad o adultos mayores puedan tener cierto nivel de confort. “Sin embargo, no son un reemplazo del actual contacto humano con las personas que realmente los cuidan”, advierte el especialista chileno. Estas interfaces no reemplazarán a familiares o amigos. “Al menos hoy, no lo es ni tampoco es ético que las empresas de tecnologías vendan así estos productos. Puede ser un buen complemento, cierto, pero no es un reemplazo”.

 

Evolución continua

Jordy Vílchez Astucuri, director nacional de Prospectiva y Estudios Estratégicos del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), recuerda que la interfaz continuará evolucionando, haciendo “más humana” la comunicación hombremáquina.

De entender el lenguaje humano en forma oral y escrita, irán a otros escenarios y con ello, la interacción de las personas con las computadoras será fácil para todos “como si estuviéramos conversando con una persona común y corriente”.

El experto comenta que entre las ventajas tendremos mejores asistentes para ayudarnos en las tareas cotidianas y complejas, sin necesidad de tener un conocimiento técnico especializado. Ya el mercado ofrece IA que genera soluciones. Solo basta una buena descripción de la necesidad.

 

¿Y lo humano?

Pero también hay aspectos “perniciosos”. Vílchez manifiesta que cada vez será más difícil identificar el aporte humano a una cuestión donde estén involucradas las máquinas y la IA. Y también está su uso como mecanismo de engaño, de fraude, noticias falsas, falsificaciones, buscando terciar en las opiniones o generar alguna actividad ilegal.

“Lo que viene es que a las personas se les hará más diícil discriminar esta información, controlarla y contrastar con evidencia”. O la mencionada “deshumanización de la comunicación”, al preferir pasar tiempo con las máquinas a la interacción humana.

Está convencido de que en un país con geografías y culturas muy diferenciadas, como el Perú, la tecnología con IA tendrá un gran impacto positivo. Pero para aprovechar esta oportunidad la base es la alfabetización digital de los ciudadanos.

Se puede entrenar los modelos para responder a los ciudadanos no solo en lenguas originarias (con traducciones casi al instante), sino con también una comprensión de sus culturas y así comunicarnos con mensajes más claros, a niveles escrito y oral. El reto es seguir reduciendo la brecha digital existente. “El Perú tiene una complejidad geográfica grande y una dispersión poblacional, hay que priorizar tratando de cubrir mejor los grupos poblacionales que todavía no tienen servicios y tampoco suficientemente banda ancha, de buena calidad”.

Ya se cuenta con comunicaciones satelitales de nueva generación o de baja órbita, que permiten tener un despliegue de conexión a nivel de fibra óptica o de microondas, y eso, dice Vílchez, permitiendo cubrir todo el territorio nacional.

Falta mostrar el valor diferencial que genera la aplicación de la IA en lo productivo. Se debe caminar a una apropiación y uso de la IA “no como curiosidad, sino como una cuestión completamente central de la operación de los negocios y el Estado”, dice el ingeniero. Sin embargo, recuerda el riesgo: los sesgos y la dependencia excesiva de las IA. “La IA no es perfecta, puede generar resultados erróneos y desencadenar problemas. Siempre tiene que haber una supervisión humana a los resultados y con responsabilidad, para su buen uso”. Por eso, todavía hacemos falta los humanos.

 

(*) Publicado en el semanario Variedades del Diario Oficial El Peruano, el 14 de febrero del 2025. https://elperuano.pe/suplemento/variedades

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