Los niños de la VAN

En 1985, el Perú inició una campaña de vacunación masiva en la que se involucraron el Gobierno y la sociedad civil. Las VAN permitirían la erradicación, en 1991, del "virus salvaje": la poliomielitis.

Escribe: José Vadillo Vila / @vadillovila

“Ven a VAN”. Quedó cincelado en el imaginario colectivo, con esa fuerza que tienen los eslóganes fáciles de recordar, que cualquier niño en sus primeras letras puede repetirlo, “Ven a VAN”.  

La meta de la campaña, en tiempos de la televisión con antenas de conejo y del “conflicto armado interno” (término utilizado por la Comisión de Verdad y Reconciliación Nacional en su informe final), era inmunizar a un millón de niños menores de cuatro años.

Los niños chillaban al pinchazo, pero los epidemiólogos pontificaban que más vale que 60 segundos de un crío por efecto de la vacuna, a que sea atacado por una enfermedad durante toda su vida.

El “virus salvaje”

La batalla epidemiológica del Perú de los años ochenta era contra la poliomielitis, la tos ferina, tétano y sarampión. Para la primera existía una vacuna oral, la famosa vacuna Sabin; y para los tres últimos, se contaba con la llamada “vacuna triple”. Un simple pinchazo.

La que daba más temor a la población era la polio, el “virus salvaje”, como le decían, presente en el Perú desde 1939. La pandemia tuvo picos a fines de los años cincuenta e inicios de los años sesenta. Su solo nombre causaba mucho temor por las muertes o por dejar paralíticos a los chicos, de 4 a 15 años. Los niños paralíticos eran los que más impacto tenían en la sociedad.

Panorama

En el Perú de esos años, 327 de cada 1,000 niños morían antes de cumplir el año. Solo 34 de cada cien chiquillos habían recibido las vacunas contra el sarampión, 28% tenían protección contra la tos convulsiva, tétano y difteria y solo el 70% de los menores tenían protección antituberculosis.

Eso, grosso modo, porque cuando los especialistas hacían zoom, el panorama era más alarmante: en 11 departamentos, por ejemplo, la vacuna triple solo había cubierto el 20% de su población infantil. Nos podíamos quedar sin hombres y mujeres del futuro.

Eran noticias de esa época, por ejemplo de 1988, que en los distritos del Callejón de Conchucos en un mes fallecieron 186 niños víctimas del sarampión.

Toque de puertas


La primera jornada de vacunación VAN ‘85 se cumplió el domingo 20 de octubre de 1985 y atendió en horario corrido, de 8 de la mañana a 4 de la tarde.

Los celulares solo existían en las series de ciencia ficción y los teléfonos fijos eran un bien escaso. Quedaba el radio bemba, entonces, dos días antes, medio millón de escolares de los centros educativos dejaron las aulas para hacer el “toque de puertas”, haciendo recordar a los olvidadizos padres de familia a llevar a sus hijos a la jornada obligatoria de vacunación. Y los niños de los centros de educación inicial tomaban las calles con sus maestras portando sus cartelitos, invitando al “Ven a la vacunación”, “Evita la peligrosa poliomielitis”.

Suma de esfuerzos

La de octubre 1985 fue una jornada cívica sin igual. Todos pusieron el hombro para inmunizar a los párvulos. La consigna era que ningún niño peruano se quede sin la “vacuna triple”, como se le conocía.

A los poderes Ejecutivo, Legislativo, Fuerzas Armadas y Policiales, Defensa Civil y municipios, se sumaron la Cruz Roja, las confederaciones de trabajadores, los sindicatos, los rotarios (quienes desempeñarían un papel importante en toda América), los clubes de leones, universitarios, colegios profesionales, asociaciones de madres, organizaciones vecinales y militantes del partido de gobierno de ese entonces (el partido Aprista). Para esta vacunación se contó con el gran aporte de Unicef, USAID y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Como sostiene Jorge Lossio en su libro digital Pandemias y salud pública (Lima, Ministerio de Cultura-Proyecto Especial Bicentenario, 2021), “una lección de la historia es que las campañas de salud han funcionado mejor cuando ha apoyado la sociedad civil”.

En total, sumaron 70,000 voluntarios a los servidores del Ministerio de Salud y el IPSS (hoy EsSalud). Y los puestos de atención no se limitaron a hospitales, centros de salud, postas médicas, también sirvieron locales de iglesias, municipios, inclusive en algunos lugares viviendas particulares y bodegas.

En cada brigada o puesto de vacunación –integrado por un orientados, un anotador, un vacunador y un registrador–, los voluntarios cumplían el papel de “orientador”. Se encargaban de organizar las colas, mantener el orden de las personas e informarles sobre la campaña, que no solo fue una fecha, sino tres: La campaña nacional VAN 85 tendría dos jornadas adicionales: los domingos 17 de noviembre y 15 de diciembre.

Como toda guerra, incluidas las epidemiológicas, se necesita de una táctica. En este caso, el Perú quedó dividido en cinco zonas: Norte, Nororiente, Centro, Centro Oriental y Sur.

Siguientes jornadas

Al año siguiente, la VAN ’86 repitió las metas y se vacunó, también como un esfuerzo colectivo de diversos actores de la sociedad civil capitaneados por el Ministerio de Salud, a un millón 200,000 niños menores de cinco años. A diferencia de la VAN ’85, la del ’86 se realizó en cinco jornadas entre fines de setiembre y noviembre. Para la VAN ’88 funcionarían 20,000 puestos.

Metas

Las grandes campañas de vacunación tenían por metas del Estado la erradicación hacia 1990 del “virus salvaje”: la poliomielitis, y reducir las tasas de mortalidad y morbilidad infantil ocasionadas por las enfermedades inmunoprevenibles.

En los 15 millones de vacunas contra la poliomielitis, tétanos, sarampión, tos convulsiva y difteria de la VAN ‘85 el Perú invirtió 68,000 millones de soles de la época (el costo unitario de la vacuna era de 28,000 soles). Al año siguiente, en la VAN ‘86, se invirtieron 116 millones de intis.

En Pandemias y salud pública, Lorge Lossio sostiene que otra parte del éxito de la erradicación de la polio fue que se contaba con una tecnología médica “eficiente y barata”, a lo que se sumaba la facilidad que era la vacunación oral.

Si bien la erradicación de la polio en 1991 en el continente americano es considerada un hito en la historia de la medicina, Lossio apunta también que fue la presencia de Sendero Luminoso, que había destruido postas de salud y había matado a autoridades locales y policiales, un factor importante para que el Perú fuese el último país en todas las Américas en lograr la erradicación del virus salvaje.

Las campañas VAN marcaron el derrotero de esos años cuando no se debía bajar la guardia. Y la sociedad estaba concientizada. Por ejemplo, en la VAN ‘91, los 70,000 profesionales de la salud decidieron hacer un paréntesis en su huelga indefinida para participar de la jornada del domingo 14 de julio de 1991, cuando se vacunaron a cerca de un millón de menores de cinco años en 7,000 puestos a escala nacional.

Esa dosis era distinta: las brigadas de vacunadores fueron casa por casa para inmunizar a los niños de tuberculosis, difteria, sarampión. Una batalla inmunológica se gana y se reta a la sociedad con una nueva.

(Publicado en el Diario Oficial El Peruano, el domingo 25 de abril del 2021) 

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